Bueno, un poco de turismo no viene mal. Mi esposa, mientras leía el diario, vio un anuncio de paquetes turísticos económicos y compró el de Hakone. Con un clima espectacular, salimos por la mañana, tomamos el bus y partimos.
En medio del trayecto paramos en un lugar de descanso, según nos informó la persona encargada de guiarnos, el predio se construyó hace poco tiempo junto al tramo de la autopista. Los baños parecen de un hotel 5 estrellas, la zona de estacionamiento impecable, hasta pude ver un rincón con flores muy bonitas. En fin, increíble. Así da gusto pagar impuestos.
Era sábado y de un fin de semana largo, las rutas a destinos populares estaban colapsadas. Los problemas comenzaron cuando llegamos. Al entrar al restaurante (buffet), vimos que los comensales estaban formando una fila larga para tomar sus alimentos. Hacer fila para lo que fuere es algo que odio profundamente, más cuando las personas que están detrás se ponen impacientes y te empujan. En esa situación te dan ganas de agarrarle la cabeza y metérsela en uno de los recipientes con comida. Malditos muertos de hambre.
Luego de comer como cerdos nos quedaban 15 minutos de recreo antes de partir hacia el próximo punto, una verdadera desgracia ya que estábamos en el lago, una de las zonas más bonitas. A las apuradas pude tomar unas fotos que, por supuesto, salieron como el culo. Con la comida todavía en la garganta y puteando por no haber tenido más tiempo en ese lugar subimos al bus.

Mientras subíamos la montaña, la vista del monte Fuji era inmejorable, como luego había una parada en el mirador no me ocupé de tomar fotos desde el bus que por otro lado no iban a salir bien. Pero cuando estábamos por ingresar al mirador nos avisan que no había lugar para estacionar, así que me quedé con las ganas de regresar con una bonita foto del monte Fuji. Una bronca más.
Y llega el momento de subir al funicular, teleférico, cablecarril, ropeway, cable railway o vaya uno a saber con cuantos nombres más se lo conoce. Bueno, después de 30 minutos en la fila llega la canasta que nos llevó a lo alto de la montaña. El panorama desde la cabina es impresionante, pude tomar una foto del Fuji a través del vidrio polarizado, algo es algo. Otra vista espectacular es la de los pozos de aguas termales. Rescato esta experiencia ya que fue la primera en funicular.



Seguimos con lo programado y nos dirigimos a tomar la merienda a una pastelería buffet. Mi esposa recorrió los platos de cada uno de los manjares que ingresaron en forma secuencial a su estómago. Mientras ella se ocupaba de los pasteles salí al estacionamiento de la tienda a contemplar el atardecer. Esta es la segunda foto del Fujisan que tomé desde ahí.

Como paso obligado de todas las excursiones, en Japón y en Tanganica también, nos arrearon a una tienda de productos regionales. Compramos algunos regalos y partimos de regreso. Un tramo de la autopista estaba estaba embotellada pero luego llegamos rápido a destino.
Comentario final: Me gusta salir de paseo, a donde sea, pero no me gusta tener los minutos contados. Si el lugar me agrada, me quedo, sino, sigo a otro destino. Aunque haya una planificación, si esta es coherente, no tengo problemas en seguir con el programa. En este caso eso no fue así ya que estuvimos más tiempo arriba del bus en lugar de disfrutar de tan hermoso destino. Una pena, esa excursión daba para algo más.



